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 [Fics de Naruto][Conexiones] 
sersoker-kun
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Autor del Fic: Asumi
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Oscuridad

En las solitarias calles de la aldea de la arena paseaba un niño, no más de cinco años podría tener sus ropajes estaban gastados y ensuciados, había corrido mucho ese día, y el agua caía por su rostro, la lluvia era su compañera en esos momentos. Miró al cielo y fijó sus ojos en las nubes grises que vaticinaban la lluvia, los cerró, alrededor de sus ojos una sombra oscura la cubría, el no conocer que era el sueño a tan temprana edad, no haber dormido en su vida, pues si dormía se desataría un poder sin igual que podría acabar fácilmente con la aldea en la que vivía, pero él no entendía por que él, siempre él, era odiado sin saber por que, todos le temían, le evitaban, y él se encontraba solo, una situación que ningún niño de cinco años debería vivir nunca.

Gaara había salido en un día tenebroso oscuro, todos los días acudía al mismo lugar cargando con su oso que en estos momentos llevaba en la espalda, miraba a los otros niños jugar desde el columpio, desde el mismo lugar siempre, silencioso. Él era una sombra, un monstruo, no un niño normal, estaba solo si se intentaba acercar al no controlar el poder que esa pequeña criatura no debería poseer hacía daño sin querer a lo demás, odiaba la soledad, odiaba no ser normal... no conocía el dolor, la arena siempre le protegía, le ayudaba pero... en esos momentos quería sentir el dolor, saber que era que la sangre recorriera por su piel, saber de alguna forma que no era un monstruo, que si se dañaba sangraría, quería ver su sangre, por unos momentos, por que significaría de alguna manera que no era lo que todos pensaban de él.

Sus cabellos estaban caídos por el agua, eran rojos, como la sangre... bajó la cabeza algo deprimido mientras apretaba fuertemente la mano de su pequeño oso, quería salir de ese lugar en el cual nadie le aceptaba, escapar... Pero aunque aún no entendía por que le odiaban, él no era un monstruo, no era lo que todos pensaban de él, solo Yashamaru le miraba como si fuera normal, solo él... aunque incluso a veces creía que para él también era un monstruo, el hermano de su madre la que no llego a conocer, para su tío era solo un niño normal, o no tanto. Suspiró débilmente, hoy por mucho que quisiera no iba a encontrar a ninguno de los niños que solía ver jugar, esa tarde era demasiado siniestra para que alguien saliera, si volvía a casa tal vez... tal vez podría hacerlo de una vez por todas. Llegó a su casa mientras miraba detenidamente a un punto fijo de la habitación, la única foto que había visto de su madre, una de las pocas cosas buenas y bellas que conocía, ya que su padre le odiaba, normal, era odiado por todos.

- Okka-san... ¿por qué soy tan diferente? – preguntó a la penumbra intentando responderse él mismo a la pregunta.

Apoyó la frente en la mesilla, en la cual sencillamente estaba la foto de su madre, un pequeño jarrón con agua y unas pocas flores frescas que recogía todos los días para colocarlas a su lado, blancas y amarillas, muy hermosas como su madre. Cerró los ojos y se puso a llorar en silencio así era él, silencioso, oscuro... o como todos los demás le llamaban un monstruo, si su madre estuviera viva ¿qué pensaría de él?. ¿Sería como el resto de las madres que quieren a sus hijos o también le odiaría?. Notaba un fuerte punzón en el pecho cada vez que lo pensaba... ¿eso era dolor?. Si lo era no le gustaba sentirlo, era vacío y agónico... él no debería pasar por eso, no se lo merecía, solo era un niño. Levantó la vista y volvió a ver la sonrisa de su madre haciéndolo casi sonreír, pero sus ojos se desviaron hacia un pequeño cuchillo que siempre mantenía cercano para intentar saber que era estar herido, que era el dolor corporal...

- ¿Gaara-sama? – escuchó una voz familiar que hizo girarse un poco - ¿se encuentra bien? – su tío estaba atrás suya con una cara extraña en su rostro.

- Yashamaru-san... ¿tú me odias? – musitó en voz baja, su tío era la única persona que le miraba con otros ojos, no quería que lo odiase.

- Claro que no te odio, eres el hijo de mi hermana – habló con voz queda mirando al niño que se limpiaba el rastro de lágrimas que corrían por su rostro – está empapado, no debería haber salido fuera hoy, esta lloviendo muy fuerte – acercándose a él.

- Tenía que traerle flores a Okka-san... – alzó la vista con una mueca – no tenía nada que hacer, así que no me pareció nada malo salir, como nunca me enfermo – giró su vista hacia la ventana.

- Pero podía haber sido la excepción y eso no es bueno, los niños no deberían salir con este tiempo a la calle – alzando la mano.

- Yo no soy un niño normal – susurró – soy un monstruo... – se miró las manos ¿por qué él?.¿por qué no era normal?.

- No es un monstruo... Gaara-sama... – bajó la cabeza – es especial, y tiene grandes poderes que otros temen, no significa que sea un monstruo, es un ser humano – sentándose en una de las sillas que había en la habitación.

- Los humanos sangran, yo ni siquiera lo hago – frunció el ceño, pudiera ser que tuviera cinco años, pero no era idiota, sabía que no era normal, que no le importaba y que en los ojos de la gente denotaba miedo al verle, pero... ¿por qué?.¿por qué?. Esa pregunta siempre le seguía – la arena me lo impide – cerrando los puños.

- Eso es por que... – el hombre empezó a hablar pero prefirió callar al ver la mirada del niño, no estaba exigiendo una explicación, ni era amenazante... sino más bien triste, mientras mantenía una débil sonrisa, como si supiera lo que iba a decir.

- No importa Yashamaru-san, mientras este contigo estoy bien – miró hacia el suelo con la misma sonrisa, estaba decidido – será mejor que te vayas a dormir, yo estaré bien, no me molesta que llueva por la noche – él no podía dormir a fin de cuentas le gustaba el sonido de la lluvia, ese era uno de los motivos por que salió – además él me hace compañía – señalando a su oso que continuaba en la espalda – estaré bien – alzando la cabeza y mirando a su tío decidido.

- Si usted lo dice – algo desconfiado con la confianza del chico, pero tranquilo de que estuviera animado, si se enfurecía nadie, ni siquiera él era capaz de saber que ocurriría.

El pequeño miró al cielo, estaba oscuro, la noche había caído ya, una noche sin estrellas, sin apenas visibilidad, sin siquiera los fuegos de las calles para advertir de la presencia de alguien, una noche demasiada perfecta para que fuera desperdiciada. Apretó los labios, seguramente Yashamaru se preocuparía de él pero estaba decidido, agarró su oso decidido, podría ser un niño, pero poseía una gran habilidad que le permitía hacer cosas que ni siquiera muchos adultos podían hacer, miró la foto de su madre detenidamente y si... la agarró fuertemente quería probar si... La arena se volvió a pegar a su cuerpo al chocar contra el cristal que empezó a romperse con demasiada facilidad dejando el marco destrozado por la presión, pero sin embargo con la foto intacta, ese sería su tesoro, la foto de su madre, la dobló cuidadosamente se la metió entre la ropa.

- Okka-san... – dijo mientras saltaba a la repisa y miraba hacia la habitación donde había vivido durante su corta existencia – no seré jamás un monstruo sino... simplemente... – fijó de nuevo su vista hacia fuera haciendo que en su infantil rostro cayeran pequeñas gotas mojando su pelo rojizo – Gaara – y como transportado por la arena desapareció de la ventana.

Continuará...

Ya sé que es corto, pero solo es la primera parte del primer capítulo ya que aquí no se puede postear todo entero... bueno... que os ha parecido ^^ os ha gustado o no? La segunda parte trata sobre Naruto es una historia en un plan... raro xD. Espero que me dejeis vuestras opiniones ^^


Ultima edición por sersoker-kun el Mar Sep 19, 2006 2:54 pm, editado 1 vez

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Oscuridad II

En la aldea de la hoja un chico con unos preciosos ojos azules intentaba conseguir llamar la atención de los demás compañeros, fruncía el ceño, odiaba que le ignorasen siempre o le trataran como un idiota, pero sobre todo lo que más odiaba era la forma en que todos los adultos le miraban, de una forma tan distinta, con tanto rencor en ellas que incluso daba miedo, pero siempre las había recordado así, él solo quería jugar con los otros niños de una forma normal... ¿por qué le miraban de esa forma sino le hacía mal a nadie?. Se sentó en uno de los columpios, en ese parque había muchas madres con sus hijos y otros que jugaban entre sí, bajó la mirada y se fijó a su alrededor, no había ni siquiera una persona a cinco metros de donde se encontraba, le evitaban como si fuera una plaga, se mordió el labio hasta el punto de hacerse daño, creía que no los escuchaba, las madres de los niños estaban hablando de él, como siempre cuando le veían, siempre decían lo mismo.

- Ese niño... no deberían dejarlo ir libremente por ahí – como si fuera un peligro público o algo parecido.

- Sí, tienes razón, no se como pueden es un... – el joven Naruto frunció el ceño, se sabía la palabra de memoria.

- Monstruo... – acabó diciendo él a tan baja frecuencia que sino supiera que lo había dicho nunca se hubiera enterado.

Pero... ¿por qué monstruo?.¿por qué siempre lo escuchaba?.¿por qué esas miradas de odio en los adultos?.¿tantas cosas malas había echo?.¿tantas travesuras?. Solo quería un poco de atención ¿era eso mucho pedir?. Al parecer para él era demasiado, sin padres, no tenía a nadie en ese lugar, ni amigos, ni familia, ya que era huérfano desde que podía recordar, nunca había tenido seres queridos, aunque había estado a la vigilancia del viejo Hokage, el cual siempre intentaba inculcarle algo de sentido común cuando hacía travesuras, la verdad es que parecía ser la única persona que le importaba su vida, ya que se había preocupado de su darle el suficiente dinero o comida cuando no tenía, ya que comía demasiado, y la mayoría de las veces a base de ramen y leche, la verdura no entraba dentro de su dieta, aunque a más de una vez el viejo le había obligado a hacerlo, pero él siempre conseguía escaparse.

- Naruto-kun ¿qué haces aquí? – se giró levemente, ahí se encontraba un joven que llevaba la insignia de ninja en la frente haciendo que su pelo se recogiera, le conocía, muchas veces lo había visto con el viejo Hokage y a veces le mandaba a recogerle.

- Nada Iruka-san, solo quería jugar un poco, pero como siempre los demás no están dispuestos a jugar conmigo – mientras se balanceaba - ¿te manda Hokage-jiji? – el otro pareció sorprendido durante un momento.

- Deberías ser más respetuoso con Hokage-sama, Naruto-kun – con el ceño ligeramente fruncido – quiere que vayas a verle enseguida, tiene algo que decirte – miró a ese chico el cual tenía dentro al Kyuubi que acabó con su familia, sino fuera por ese maldito kitsune él aún tendría padres.

- Que querrá ahora... hace mucho que no le visito... – saltó bajando del columpio – últimamente no he hecho ninguna travesura, debe de estar extrañado... – pasándose la mano por el mentón – a lo mejor me invita a un plato de ramen... – parecía estar hablando solo.

- Ven conmigo, te llevaré donde se encuentra ahora – con un tono que no se debería utilizar con un niño de cinco años, pero claro, él no era normal a fin de cuentas.

- Sí, Iruka-san – asintiendo, estaba acostumbrado a que le hablaran de esa manera de todas formas.

Se pasó la mano por su rubio cabello, bastante corto por decirlo de alguna forma. La verdad es que se encontraba bastante aburrido, la mayoría de las veces cuando se aburría pintaba las caras de los antiguos Hokage o intentaba robar en una tienda, o espiar a las chicas, el cual era uno de sus pasatiempos favoritos, aunque la mayoría de las veces salía algo magullado por las carreras. Seguramente el viejo Hokage se estaba preguntado por que no estaba haciendo una de esas cosas últimamente, la verdad es que quería, pero algo le impedía hacerlo, no sabía que, pero se lo impedía. Pasó al lado de la tienda de pescado donde en este momento había bastante gente hablando, pero al pasar junto a ellos callaron y comentaron a murmurar, sobre él seguro, estaba completamente seguro de ello, los odiaba, odiaba a todos ellos, le menospreciaban y ni siquiera le conocían, hipócritas... algún día él llegaría a ser alguien importante, y todos ellos tendrían que tragarse sus palabras.

- Hokage-sama quiere hablar de tu formación como ninja – habló calmadamente intentando reprimir como realmente se sentía.

- ¿Mi formación? – parpadeó aparentemente sorprendido, tenía que ir a la escuela antes de ser un ninja para aprender y eso se hacía a partir de los cinco años que él ya había cumplido, pero al no tener padres ni tutores había creído que él no iba a ir a esa escuela.

- Todos los niños de más de cinco años de la aldea deben por obligación ir a la escuela, para su previa entrada a la academia de ninjas en la cual tienes que aprender los conocimientos básicos para ser un ninja – decía de forma automática sin cambiar el tono de voz.

- Entonces... ¿Hokage-jiji quiere que yo también vaya a la escuela?. – aún sorprendido – Creí que no teniendo tutores... no podría ir a la escuela... – con voz queda llena de emoción.

- Te lo explicará mejor Hokage-sama que yo – diciendo más fuerte el sama para que se enterase y por lo menos fuera respetuoso con la persona que permitía quedarse en la aldea.

Esta vez ignoró completamente el tono de voz de su acompañante mientras pensaba, ser un ninja... ser un ninja significaba ser reconocido, ser alguien de importancia, no ser considerado un monstruo o algo parecido, un inútil... Divisó una gran puerta blanca que había al final de un gran pasillo que llevaba mucho tiempo recorriendo ya, ahí debía de estar el viejo Hokage, sonrió débilmente, ya que claro el pocas veces lo hacía, cuando se sentía atendido la mayoría de las veces, pero en su casa, en la soledad se sentía tan triste, que muchas noches se dormía llorando, pensando el por que a él, por que solo él era considerado un monstruo por los demás, no lo entendía. Al ser demasiado pequeño la puerta la consideró enrome, se puso una mano en el pecho y apretó fuertemente, su corazón iba muy rápido haciendo que no escuchase el abrir de la puerta pero si ver el brillo que le obligó a entrecerrar los ojos hasta que se acostumbró a tanta luz.

- Hokage-sama se encuentra dentro, quiere que vayas solo – Naruto asintió mientras mantenía la mano en el pecho.

Efectivamente ahí se encontraba el viejo Hokage, sentando tranquilamente mirando el extenso balcón que tenía enfrente suya, al parecer aún no había notado su presencia, pero una leve inclinación de cabeza le indicó que sí había sido detectado, y bastante rápido al parecer. Estaba nervioso, por que era la primera vez que iba hacia él sin haber hecho ninguna travesura, sino para algo importante, realmente importante, por lo menos para él, estaba emocionado, escuela, profesores... y sobre el sentimiento de no sentirse ignorado los demás, a lo mejor... a lo mejor ahí... negó suavemente con la cabeza y suspiró.

- Naruto, me alegro de verte, adelante pasa – dándose la vuelta indicándole la silla que estaba a su lado.

- Me ha llamado, como para no venir Hokage-jiji – con algo de burla.

- Más respeto a tus mayores, y más si son tus superiores – haciendo una mueca mientras veía al niño sentarse a su lado – supongo que Iruka-kun te habrá dicho que es lo que haces aquí – el pequeño hizo un gesto que parecía decir que sí.

- Me ha dicho que voy a ir a la escuela para mi formación ninja, o algo así – intentando recordar bien las palabras.

- Bueno, la idea principal creo que la has captado – con una sonrisilla que hizo que el chico se enfadara – y sí, vas a ir a la escuela, ya tienes edad, y como no tienes padres yo me ocuparé de todo lo referente a tu ingreso – Naruto le miró extrañado - ¿no quieres ir a la escuela de ninjas? – la verdad es que el Hokage no sabía si el chico tenía iniciativa, pero sabía que su chakra, al ser el del Kyuubi, era enorme.

- No es eso, es que no se por que se toma tantas molestias en mí... – le miró – esta vez no hice nada malo y me hizo llamar, eso es raro... – giró la vista se fijó en que en el balcón había alguien más, no se había dado cuenta.

- No son molestias, es mi obligación, empezará en cuanto acabe el mes, sabes donde está la escuela y procura no hacer travesuras durante este tiempo – lanzó un gran suspiro y luego se dio cuenta de que no era precisamente que le estuviera atendiendo a él, sino a otra cosa, o mejor dicho, persona.

- Ese chico... no es de la aldea ¿cierto? – conocía a la perfección de rostro de todos los jóvenes de la aldea, y ese, precisamente, no le sonaba de nada.

- No, él viene de otra aldea pero va a estudiar también en esta, tiene tu misma edad, su nombre es Gaara – Naruto asintió, era curioso ese chico, sentía mucha curiosidad – si quieres puedes ir a saludarle, no creo que te coma.

Naruto frunció ceño ligeramente y saltó de la silla saliendo rápidamente hacia el balcón, tenía un presentimiento. El chico no tendría mucha mas edad que él, el pelo de color rojo como la sangre, unos ojos verde azulado... un verde azulado penetrante, una extraña capa negra alrededor de los ojos haciéndolo raro, pero no más de otras personas que hubiera visto. Al parecer notó su presencia rápidamente que hizo que se girara a verlo, con algo de miedo, pero no como lo veían los demás, no con ese odio y rencor sino por un miedo que él conocía, se estaba reflejando en esos ojos... Parpadeó momentáneamente para luego sonreír y acercarse hacia él con una seguridad que antes no hubiera tenido.

- Hola, soy Naruto – señalándose – tú eres Gaara ¿no?. Él viejo me lo ha dicho – continuó diciendo observando como el chico se sorprendía cada vez más.

- Sí, soy Gaara – observándolo con atención, no se parecía a los niños que había visto en su aldea, ni siquiera se les comparaba, sus ojos eran iguales que los suyos... mostraban, por un segundo, felicidad.

- Hokage-jiji me has dicho que eres de otra aldea, realmente lo pareces, no te he visto nunca – hizo como si meditara - ¿te gusta el ramen?. A mi me encanta sabes... – poniéndose las manos en el estómago.

- Nunca... nunca he probado ramen – se sentía tímido, nunca había conseguido hablar normalmente con alguien de su edad, y esbozó una sonrisa tímida – me gustaría probarlo.

- ¡Qué! – llevándose las manos a la cabeza como si no creyese que eso fuera posible - ¿nunca has probado ramen?. Eso es sacrilegio, ahora mismo le digo a Hokage-jiji que nos invite, cada vez que me llama me invita, no creo que invitarnos a los dos le cueste algo más... – rió al imaginarse la cara del viejo – vamos Gaara – extendiéndole la mano – juntos haremos que ese viejo nos de ramen gratis, seguro – con decisión.

Gaara se quedó un tanto indeciso, nunca un chico de su edad le había tendido la mano, nunca se habían acercado a él, nunca le habían hablado de libertad, siempre que intentaba acercarse huía y acababan dañados, pero en este momento... ese chico rubio le ofrecía su mano sin temor... no eso no era así, si temía, pero no a él, sino que no la sujetara. Alzó la vista y miró a Naruto, esa mirada la conocía, era la suya, deseoso de ser aceptado, de tener alguien en que apoyarse, de tener amigos... de no ser odiado y puede que... suspiró lentamente y agarró la mano del chico y esta vez sin dudarlo y tomando algo de confianza sonrió y habló.

- ¡Sí! – asintiendo mientras el otro lo llevaba corriendo a ver al viejo Hokage.

- Espero que no se haya ido... sino me va a tener que dar una ración doble la próxima vez, que será muy cercana – sonriendo con algo de malicia que hizo también reír al otro mientras buscaban al viejo que desde la puerta principal sonreía al verlos juntos.

- Al parecer las dos bestias internas pueden ser calmadas, y tranquilizarse la una a la otra – habló en casi un susurro – pero mientras tanto... – se fijó en el rubio que venía casi arrastrando al pelirrojo – dejaré que crezcan así, sí... – cerró los ojos – juntos...


Continuará...

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CAPITULO 2

Decisiones

Gaara miraba atentamente desde su escondrijo una batalla, se había tenido que topar con una pelea entre bandas a la semana de salir de su aldea, frunció ligeramente el ceño, sabía que no podía ser dañado, o por lo menos no tan fácilmente como aparentaba pero ver una pelea a estas alturas era lo menos que deseaba. Parecía haber pasado desapercibido y el combate estaba terminando, no quería moverse de allí aún por temor a ser detectado, por el momento todo iba bien, al parecer eran disputas entre aldeas ninjas, se mordió el labio, llevaba tres días sin comer, creyó que escapar de noche con la lluvia sería sencillo y llegar a otra aldea sin que nadie le notara iba a ser fácil, pero no, no lo era ni por asomo.

Apretó la garra de su oso y lanzó un leve suspiro exhalando con cuidado, sabía a la perfección que si lo tomaban por un enemigo le atacarían sin dudar, sin siquiera pensar que era un niño o ser conocido o no. Esa gente no odiaba, sino que tenía sed de poder y sangre, ese pensamiento hizo que el pequeño sintiera escalofríos recorrer por cuerpo y una pequeña voz mental que no se parecía a la suya le incitaba a hacer lo mismo que aquellos hombres, ha hacer daño, a matar, pero no quería escucharla, quería acallarla, así que se tapó los oídos fuertemente al no querer escuchar las palabras de esa parte suya, pero no fue tan cuidadoso, sino que un leve crujido se escuchó tan claramente que no dejaba dudas que en su dirección de encontraba algo. Sus ojos se abrieron de miedo e intentó huir, pero era demasiado tarde.

- Pero mira que tenemos aquí, un mirón... – habló un hombre alto y moreno con ojos rojos – al parecer se ha perdido, jeh, pobre, tener que morir tan joven - cerrando su puño.

- ¿No será uno de los cazadores que ha cambiado de forma para huir? – contestó otro serenamente – Me resultaba extraño que solo vinieran dos teniendo en cuenta que nosotros somos tres, creo que eran unos inexpertos, han caído con demasiada facilidad... – observó al pequeño que temblaba sin saber que hacer – tu que dices ¿Reiko-san? – mirando de reojo a la tercera persona, aparentemente mujer que tenía la boca tapada con una venda y sus ojos tan fríos cono el hielo.

- No creo que un cazador sea tan estúpido para huir transformado en niño y delatarse... pero... – examinó al pequeño que tragó en seco – sería mejor que acabásemos con todos los testigos, no quiero problemas para seguir adelante, aunque sea un niño no sería la primera vez – dándose la vuelta dejando a Gaara a merced de esos dos.

- Tienes suerte, soy un experto en esto chaval, apenas te dolerá – retrocedió unos pasos para coger algo de impulso mientras el otro lo miraba con pavor, sabía que la arena lo protegería, pero... ¿podría hacerlo de alguien que parecía tan peligroso?.

- No... – negando con la cabeza – no... – mientras parecía a punto de comenzar a llorar, esas personas también le odiaban... pero... ¿por qué?. Sabía que eran malvados, pero... hasta tal punto de atacarle que...

- Sayonara chaval – mientras asestaba el golpe y el otro con una sonrisa en los labios miraba la acción.

Pero algo inesperado pasó por los que parecían ser exiliados, una gran y gruesa capa de arena paró el golpe que iba certero hacia la cabeza del niño que en estos momentos tirititaba de miedo. Estos miraron sorprendido como el chico se levantaba y salía corriendo lo más rápido que podía, su cuerpo temblaba y no sabía muy bien que había sucedido pero al abrir los ojos y no ver llegar el golpe salió corriendo a donde se encontraba el claro donde se tropezó con el cuerpo de uno de los cazadores que se mantenía tendido en el suelo con el cuello cortado... Se sujetó los brazos con fuerza e iba a seguir corriendo pero detrás suyo se encontraba aquellas dos personas que anteriormente que iba a atacarle mirándole con curiosidad.

- Vaya, al parecer este crío tiene trucos en la manga – saboreó las palabras – pero no es nada que no se pueda solucionar... un férrea defensa, lo mejor es un buen ataque – mientras las palmas de sus manos eran rodeadas de chakra – y tan buen ataque.

- No puedo creer que no hayas podido romper una simple barrera, aunque teniendo en cuenta quien la ha levantado – observó al chaval – nadie se lo hubiera esperado – con una media sonrisa – pero hasta que el no acaba con su presa no esta en paz, huir no sirve de nada – sus palabras se clavaron como puñales en el cuerpo del infante.

Una presa... ¿él era una presa?.¿Un monstruo que merecía ser cazado?.¿Ser destruido?. Esas personas no iban a tener piedad, estaba claro, no podría huir corriendo por que le perseguirían, le cazarían, y puede que muy remotamente acabasen con él. Escuchaba otra vez esa voz en la cabeza que le incitaba a hacer lo que ellos hacían que los matase, que se defendiera... quiso taparse los oídos pero estaba paralizado, se sentía acorralado, no sabía que hacer, no sabía como actuar, pero cada vez que escuchaba esa voz con más insistencia, una voz que quería apagar pero no sabía como, vio aterrado como ese hombre cada vez se acercaba más para acabar con él, por un momento, solo por un momento escuchó el susurro claro de su subconsciente hablando tan suavemente que apenas pudo reconocer la voz.

- “Te ayudaré” – fue lo que oyó y sus ojos por un momento se entornaron de un tono amarillo y su cuerpo se movió automáticamente.

Como espectador de una obra Gaara vio a su cuerpo moverse solo, él no lo movía, era una fuerza mayor y notó como dunas de arena se formaban donde los hombres anteriormente se encontraba encerrando su cuerpo en un férreo ataque que paralizó los movimientos de sus enemigos, e incluso la fuerza del ataque del chakra del anti fue insuficiente pues la arena se volvió a reunir en aquel punto, las caras de sus cazadores sobresalían de la arena con algo de temor mirando al niño de cinco años que tenían delante que parecía diferente al atemorizado crío que iban a atacar antes, ahora poseía un poder... que daba incluso miedo. Gaara miraba como las caras de los hombres eran tapadas hasta el punto de asfixiarse con los ojos llenos de pánico a lo que estaba a punto de ocurrir, sus manos se cerraron apretando fuertemente el agarre de arena hasta escuchar dos desagradables crujidos provenientes de esta, y al hacerlo pareció que el niño recuperó el control de su cuerpo y vio como la arena regresaba a él dejando al descubierto los cuerpos aplastados de sus dos atacantes.

- “Me debes una, chaval” – habló esta vez con un tono satisfactorio la voz de su cabeza.

Se agarró la cabeza con la mano y gritó fuertemente creyendo que con ese grito ahuyentaría esa desagradable sensación que tenía encima, era desagradable, asquerosa, y lo peor en esos momentos es que esa parte escondida de su subconsciente parecía estar satisfecha por haber acabado con la vida de esos dos, como si disfrutara ver la sangre caer del cuerpo destrozado. No se atrevía a levantar la vista hacia lo que el mismo había causado... ¿en realidad era un monstruo?. ¿Un asesino?... Por eso todos le odiaban, por ese poder... pero... él no... no había tenido más remedio... no era... no era consciente de lo que había pasado, solo esa insistente voz en la cabeza y su cuerpo moviéndose contra su voluntad... y esa sensación... de las manos pasaron a sus hombros hasta llegar a sus brazos empezó a temblar de nuevo e intentó levantarse.

- Que diablos... – escuchó la voz de la mujer que anteriormente se había alejado - ¿quién demonios...? – miró con sus fríos ojos como el niño al cual le temblaba el labio ponía sus brazos hacia delante como en posición atacante, pero nada intimidatorio – podría ser que... – inspeccionó de nuevo al chico – tú eres... – antes la expectación de la mujer notó como algo se acercaba – Mierda... más shinobis... – escupió el nombre como si le desagradase – nos volveremos a ver, pequeño demonio – y sin más desapareció.

Gaara no entendía nada de lo que había pasado, solo que había matado a esos hombres... a esos asesinos... Sin poder evitarlo más empezó a llorar, tenía miedo, estaba asustado, y ahí no estaba Yashamaru para ayudarle, por un momento se arrepintió de haber salido de la aldea, pero... ahora... se pasó las manos por los ojos mientras sus piernas casi sin fuerzas ni ganas la llevaba fuera de aquella masacre, dos cazadores y dos exiliados en el suelo, dos destrozados y otros seguramente asesinados con la más sangre fría. Se apoyó en un árbol cercano creando de nuevo a su oso de arena apretándolo fuertemente mientras lloraba, estaba solo, solo... y no quería estarlo, se había ido de su pueblo para no estar solo, para ser aceptado, pero parecía ser que en su camino solo había desgracias.

Respiró con dificultad mientras intentaba aclarar su vista, había escuchado algo ¿habría vuelto la mujer para matarle de nuevo?. Al solo pensamiento su cuerpo se puso a temblar, si le atacan de nuevo la voz volvería a salir, la voz volvería y haría daño a alguien más, y no quería eso, no quería... Tragó en seco intentando acumular algo de valor para ver el panorama y si la mujer había vuelto, pero no era así, en vez de una mujer enfrente del pequeño claro se encontraban cuatro personas con emblemas de alguna aldea cercana, eran tres hombres y una mujer, los cuales no parecían tan peligrosos como los anteriores, aún así agarró fuertemente a su oso mientras veía a las personas acercarse.

- ¿Qué diablos ha pasado aquí? – habló el primer hombre – Estos hombres son de la aldea del viento... – mirando fijamente los emblemas de los cazadores, los cuales aún conversaban las máscaras.

- Al parecer perseguían a estos de aquí – señalando a los que estaban con el cuerpo destrozado – no puedo decir si hicieron un buen trabajo o no, están irreconocibles – pasando por encima de los cuerpos – uhm...- se paró y miró al niño que los miraba aún atemorizado.

- ¿Creéis que el niño...? – dijo la tercera persona mirándolo con desconfianza.

- Es un niño, claro que no ha podido hacer esto – intervino la única mujer del grupo con las manos en las caderas – creo que está asustado... y no creo que sea una imitación de niño – andado con cuidado de no pisar los cadáveres.

- No creo que sea buena idea acercase a él, puede que tenga algo que ver con esto – comentó un desconfiado Kakashi.

- Tu eres supersticioso y siempre andas leyendo esa revista – la mujer frunció el ceño – yo desconfío más de ti que del chico en estos momentos ¿no ves como tiembla?. Quizás sepa quien lo ha hecho – giró la cabeza.

- Esta juventud de hoy en día, deberían tener un poco de fe en ellos Kakashi.– negando con la cabeza – Nos mandaron a nosotros por que sintieron una gran cantidad de chakra que podría amenazar la aldea, no creo que ese chico tenga tanto como para que manden a cuatro Jounnin, debes confiar en los más jóvenes Kakashi – dándole un golpe en la espalda.

- ¿Decías algo? – mirándole mientras sujetaba en la mano su habitual revista haciendo que a Gai le entraran unas irremediables ganas homicidas contra él.

- Callaos ya, y haced algo de provecho como cargar los cadáveres, Hatsuki-san ya se encarga del niño – reprendiendo a ambos Jounnin.

- Hatsuki siempre se lleva la mejor parte de las misiones, nunca se ensucia las manos – gruñó Kakashi mientras cargaba con uno de los cazadores – Gai, tu cogerás a los descuartizados – dándose la vuelta.

- ¡Tú tampoco es que hagas algo de provecho!.– cerrando los puños con ira – Siempre sabe como irse sin hacer nada, odio que se comporte así – cogiendo el cuerpo que había sido sometido a presión – Hatsuki-san, lleva también al chico a la aldea, Hokage-sama querrá saber que ha pasado.

- Lo haré Gai-san, no te preocupes, se cuidarme.– sonrió haciendo que un leve sonrojo corriera por las mejillas del peli negro que volvió a su trabajo – Hola pequeño, yo soy Miyuaki Hatsuki ¿cómo te llamas tú? – poniéndose de cuclillas para estar a la misma altura del niño.

Gaara estaba en un estado de aparente shock, nunca nadie se le había presentado y había hablado con naturalidad. Él estaba asustado, tenía miedo de ser atacado, pero esa mujer se había presentado con la más bonita sonrisa que había visto en una mujer desde su madre. Parpadeó e intentó limpiarse las lágrimas que en ese momento caían por sus mejillas, no quería que ella le viera llorando, por mucho miedo que hubiera tenido apretó su oso dispuesto a hablar pero la mujer adelantó un movimiento y puso su mano en la mejilla del pequeño.

- ¿Tuviste mucho miedo verdad? – su voz era tranquilizante – Tener miedo no es malo, y llorar tampoco, seguro que te asustaste al ver la batalla ¿verdad? – Gaara asintió lentamente.

- Me llamo... Gaara – con su oso enfrente suya – esos hombres... estaban luchando... – tragó en seco – también había una mujer... de mirada muy fría – temblando levemente.

- Encantada Gaara-kun – sonriendo – una mujer... ¿ella es la que ha hecho esto? – señalando a su alrededor.

- En... en parte sí – dijo algo inseguro – yo estaba muy asustado, esos dos hombres intentaron matarme, no tenía fuerzas... y cuando me di cuenta estaban muertos yo... sentí mucho miedo... luego esa mujer me llamó demonio y se fue todo es muy... extraño – sujetándose la cabeza con las manos.

- Entiendo... – entrecerró los ojos – vienes... ¿de la aldea de la arena?. ¿Sunagakure no, Gaara-kun? – el pequeño algo asustado volvió a estar asustado de que supiera de donde venía.

- ¿Cómo... como sabe eso? – su cuerpo inconscientemente empezaba a temblar de nuevo.

- Te diré un pequeño secreto... – acercándose hasta el oído de Gaara – veo el pasado... – y soltó una pequeña sonrisilla – no tienes por que asustarte Gaara-kun, yo no te voy a hacer nada malo, te voy a llevar a un lugar donde estarás a salvo – prometió sinceramente.

- ¿En serio? – sorprendido de la confianza que irradiaba de la mujer.

- Si, seguro que esta historia le interesa a Hokage-sama, él es un gran líder, sabrá que hacer y no creo que deje que nadie más vuelva a intentar a hacerte daño – abriendo sus brazos – ven, iremos rápido, la aldea de Konoha está bastante cerca.

El pequeño no sabía que decir... siempre había estado solo y esa mujer le ofrecía su ayuda sin ninguna malicia, parecía tan sincera a su vez... y esa sonrisa no había desaparecido de su rostro en todo en este tiempo... no lo había mirado ni con odio, rencor, o como muchas personas lo habían hecho antes ¿podía realmente confiar en ella?. Meditó durante un minuto mantuvo la vista fija en esos ojos azul índigo que le miraban sin cambiar la expresión de su rostro.

- Vale – asintió y se acarró fuertemente a un brazo pero de forma casi inmediata ambos brazos le rodeándole tal forma que parecía un abrazo casi afectuoso, pero claramente lo hacía para cargarle lo que le sorprendió.

- Muy bien Gaara-kun, agárrate con fuerza – el chico asintió e hizo lo que ella le mandaba, creyó que esa iba a ser su ultima palabra en el viaje, pero vino seguido de una sorpresiva pregunta - ¿sabes el nombre de la mujer, Gaara-kun? - en infante parpadeó intentando recordar su nombre.

- Uno se ellos... la llamó Reiko – si no le fallaba la memoria ese era el nombre de aquella mujer.

- Reiko... – por un instante sus ojos se ensombrecieron – ya veo – desde ese momento hubo un claro silencio hasta que llegaron a Konoha.

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En Konoha era un día normal, Sandaime había mandado a cuatro de sus mejor Jounnin a investigar que había pasado cerca de la aldea, tal cantidad de chakra era amenazante para Konoha, no iba a permitir que sucediera lo mismo que hace cincos años, y tenía que estar preparado para todo, pero en el momento es que mandó a los Jounnin el chakra sorpresivamente desapareció dejando un ambiente normal, como antes. Pero por un momento temió que un demonio parecido a Kyuubi volviera a aparecer en la aldea, suspiró, sus subordinados no tardarían en llegar con noticias sobre ese chakra tan grande, y con algo que se temía irremediablemente que también tenían que traer.

- Hokage-sama, tres de los Jounnin ya han llegado – habló un joven que había conseguido el título de Chunnin hacía poco – traen cuatro cadáveres, Asuma-sama me ha pedido que le informe de que al parecer se trata de cazadores de la aldea del viento y de sus presas.

- Ahora mismo iré a verles, Iruka-kun puedes retirarte – el joven inclinó la cabeza y como le ordenaron se retiró mientras el anciano se dirigía hacia donde sus hombres se encontraban.

De la blanca habitación donde se encontraba pasó a una un poco más oscura y sin ventanas, allí tendidos en el suelo se encontraban cuatro cadáveres, dos de ellos prácticamente destrozados por una fuerza mayor, alguna presión había sido ejercida sobre sus cuerpos hasta destruirle los huesos dejando partes del cuerpo colgando, los otros habían muerto más dulcemente por así decirlo. Asuma, Kakashi y Gai estaban ahí, con caras tranquilas, menos Gai que se quejaba de tener que haber cargado con dos cuerpos mientras Kakashi hacía oídos sordos de lo que decía su cejudo amigo.

- ¿Hatsuki-san no está con vosotros? – alzó una ceja pero rápidamente vio aparecer a la Jounnin con algo en los brazos.

- Siento haber llegado tarde Hokage-sama, pero estuvimos hablando un rato antes de que aceptara venir – dejando al chico en el suelo – ¿me he perdido algo importante? – mientras el joven Gaara se escondía detrás de la pierna de Hatsuki.

- Nada de importancia Hatsuki-san – mirando con interés al pequeño pelirrojo que con un tapado detrás de la pierna miraba la escena intentando evitar ver los cuerpos - ¿sabemos algo de lo sucedido?.

- Al parecer una pelea entre los cazadores y estos exiliados, no hemos podido identificarles, pero sabemos que no se mataron mutuamente, a los exiliados los atrapó algo, y fuera lo que fuera fue bastante poderoso para romper sus huesos y desfigurarles completamente – habló Kakashi seriamente.

- Son los hombres de Reiko – dijo Hatsuki suspirando – Gaara-kun escuchó a estos hombres llamarla de ese modo, al parecer escapó antes que llegáramos – frunció el ceño - debió notar que íbamos hacia allá y se fue lo más rápido que pudo - bufó.

- No creo que Reiko sea tan estúpida como para matar a sus hombres de esta manera – contestó Gai – ya sabemos que es buscada, pero no mataría a sus subordinados y menos después de acabar una pelea, debió pasar algo más ahí que el chico nos pueda decir, el espíritu de la juventud es tan libre, aunque siendo tan joven puede que no lo entendiera todo – fijándose en el niño.

- Esto no lo hizo Reiko, su chakra no es tan poderoso como el que notamos – desvió su mirada al pequeño que seguía escondido – seguramente el crío sepa algo más y se lo está callando.

- No martirices al niño Asuma-san – asestándole una puñalada con la mirada – Reiko no fue quien mató a sus hombres, como ha dicho Gai-san sería algo estúpido – este hizo una inclinación como agradeciéndoselo - ¿verdad que no fue ella, Gaara-kun? – sonriéndole.

Gaara se mordió el labio, seguramente en cuanto le contó su historia supo que fue él quien mató a esos hombres, pero aún así no había sentido miedo hacia él, ni siquiera una pizca había visto en sus ojos, pensó que sería bueno mentir, pero ahí se encontraban el gran Hokage y cuatro Jounnin, una de su confianza, los otros a saber. Sin salir de su lugar de escondite asintió quedadamente desviando levemente los ojos hacia los cadáveres.

- Entonces... ¿quién...? – el Hokage se fijó de la forma que el niño miraba a los cadáveres – Ya veo... – miró a los otros tres que también se fijaron en el pequeño – Creo que lo mejor será que hablemos a solas... – Gaara se encogió – Gaara-kun... ¿por qué no vas a la sala de al lado?. Seguramente no te guste estar con cadáveres delante, no te preocupes, no te pasará nada – dijo con una sonrisa sincera.

- Ve a la sala Gaara-kun, te prometí que aquí no te pasaría nada, y tenemos que hablar de cosas, no te preocupes – colocándole la mano en la cabeza haciendo que él asintiera y se dirigiera discretamente hacia la puerta que al salir por ella se cerró a cal y canto.

Todos se quedaron viendo como se cerraba la puerta, el chico siendo el tema principal de la conversación de los Jounnin y Sandaime. Aún ningún Jounnin podían creer que el pequeño hubiera hecho eso, pero tanto como la joven Hatsuki y el Hokage sabían perfectamente que podía ser si era lo que estaba pensando. Kakashi gruño de forma casi ineludible, así que por eso había desaparecido la presencia, ese chico era igual que Uzumaki Naruto, tenía un demonio dentro, ahora todo encajaba, Asuma también pareció llegar a la misma conclusión, mientras que a Gai le estaba costando un poco hacerlo con el ceño ligeramente fruncido y los ojos entrecerrados. Hatsuki suspiró sonoramente, haber traído el chico a la aldea era un problema, pero no podía dejarlo solo y abandonado en medio del bosque a mano de cualquiera que pudiera hacerle algo... ese chico en el fondo no era malo.

- El chico no se puede quedar en la aldea – dijo finalmente Asuma – sería un peligro para ella, peor que teniendo a Uzumaki Naruto en ella – cruzando de brazos.

- Es cierto, esto puede provocar la guerra entre países, la aldea de la arena jamás permitirá que esa arma de quede en Konoha, debemos devolverle a su aldea inmediatamente – comentó Kakashi.

- ¡No podemos hacer eso! – repuso furiosa a Jounnin - ¡Ha escapado de la aldea por que seguramente allí le odian!. Si han permitido que escape es libre de quedarse en cualquier otra aldea, esta no es la excepción – con el ceño fruncido – es solo un niño, por dios.

- Sabes que no es un niño Hatsuki-san, sino un monstruo – fríamente que hizo que a la pelinegra se le pusiera el bello de punta.

- ¡Es un niño como todos!.¡Que tu lo tomes como un monstruo solo hace que seas un ignorante! – enfurecida.

- No entiendo muy bien de que estáis hablando – parpadeó Gai confundido – no creo que ese chico sea un monstruo, ni siquiera su chakra es demasiado fuerte...

- Dentro suya se encuentra el demonio de arena Shukaku, al parecer el chakra que sentimos antes fue el que había liberado él, posiblemente esos hombres intentaran matarle y se defendió como pudo. No es un demonio tan imbécil como para dejar que el cuerpo donde vive, o mejor dicho, está sellado sea dañado.– Kakashi cerró los ojos – Como dije no creo que al Kazekage le haga mucha gracia que su arma favorita se encuentre en este lugar, y menos sabiendo lo que puede llegar a ser con ese chakra que tiene.

- Pero entonces... – reflexionó Gai – ese chico es un peligro para Konoha... aunque... no parece peligroso, si lo exiliamos y lo devolvemos seguramente se convertirá en un verdadero peligro para la aldea y todo el resto del país si desean empezar una guerra – aseguró.

- Una guerra se empezará en cuanto el Kazekage se de cuenta de que está aquí y hará cualquier cosa para recuperarle, su presencia es bien conocida por la aldea de la arena, si alguno se acerca a Konoha puede ser detectado con facilidad – Asuma giró la mirada.

- Pues entonces deberíamos sellar la presencia de Gaara-kun para el exterior de la aldea – contestó la chica ante la mirada de todos los demás – Hokage-sama, piénselo, si sellamos su presencia fuera de la aldea nadie se enterará de que está aquí dentro, y si ninguno de los aldeanos sabe lo que es él en realidad no hay problemas, y yo puedo entrenarle y hacerme cargo de que aprenda a utilizar su poder, solo necesitamos sellarlo, como usted hizo con el mío – tocándose el cuello.

- El sello de Shukaku es imperfecto, cuando fui a la aldea de la arena me enteré de que el ‘contenedor’ del demonio no puede dormir, por que sino la bestia despertará, no podemos correr tantos riesgos por un simple niño Hatsuki-san, y aunque lo resellemos no estaríamos seguro de que funcionase – gruñendo.

- ¡Hokage-sama puede resellarlo perfectamente! – con los puños cerrados - ¡Ese chico es odiado en su aldea por ser un demonio, al igual que los de aquí odian al joven Uzumaki por tener a Kyuubi en su interior!.¡Ellos no tienen culpa de ser elegidos de haber nacido en desgracia, no deberían ser considerado monstruos sino héroes por contener tales fuerzas! – siempre había sido esa su actitud.

Sandaime meditaba sobre los posibles pros y los contras de ese plan, sabía perfectamente que era un riesgo para Konoha tener al joven Gaara en la aldea, pero en esos momentos le interesaba mucho las objeciones que decía Hatsuki para que el chico no se marchara. La verdad es que como Hokage podría poner un contra sello que anularía las posibles salidas contenidas del pequeño mientras dormía, y lo de su presencia podría ser perfectamente normal, con Naruto no había sido un problema y todo el mundo del exterior de la aldea creía que el Kyuubi había muerto, ya que el secreto no había salido de ella, aunque en cuanto alguien lo suficientemente al ver el chakra del kitsune en ese joven podía saber inmediatamente que era lo que en realidad había pasado. Se puso la mano en el mentón, sin embargo si algún shinobi del país de la arena lo veía mientras se encontraba en su examen Chunnin podría acabarse la paz entre los países... habría que entrenar al pequeño Gaara desde ese mismo momento para que no hubiera problemas en el futuro.

- Gaara-kun... puede quedarse en Konoha, pero bajo una condición, y esto te concierne Hatsuki-san – ella asintió entusiasmada de que el Hokage le hubiera dado la oportunidad – nadie más debe enterarse de quien es Gaara-kun ni de que hace aquí, desde este mismo instante, al ser tú la que quieres que se quede, te convertirás en su tutora, le instruirás para que pueda pasar desapercibido como un verdadero shinobi, tendremos problemas si alguien de Sunagaruke le reconoce.– seguía asintiendo bajo la mirada atenta de los otros Jounnin – Mañana sellaré a Shukaku, mientras tanto estate atenta sobre lo que hace – se giró hacia la puerta – Asuma, Gai, Kakashi, devolved los cuerpos a la aldea del viento – musitó antes de salir.

Los Jounnin se miraron entre sí y los encargados miraron a los cadáveres que tenían enfrente, la chica mantenía la gran sonrisa en su rostro mientras iba a salir detrás del Hokage. Ahí fuera se encontraba el viejo hablando con el pequeño diciendo que no tendría que preocuparse por nada, que podía quedarse en Konoha, el pequeño lanzó un suspiro y sonrió tranquilo, al ver a Hatsuki se lanzó corriendo a sus piernas con una infantil sonrisa mientras esta le posaba la mano sobre su cabeza revolviendo sus cabellos levemente.

- ¿Ves?. Lo prometido es deuda – susurró mientras el pequeño asentía feliz.

Continuará...


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